Artículo en Devórame, El Diario Vasco (julio 1992)

De la pluma de Iñaki Zarata, este artículo gira en torno a la publicación de Flock, colibri, oil, haciendo un breve repaso de su carrera discográfica, sus tribulaciones con Polar Records y la grabación de ese segundo disco, explicando la salida de Jesús Suinaga y el posterior cambio de formación.

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Cancer Moon, ruido de rabia

«Flock, Colibri, Oil», segundo disco del grupo ‘underground’ bilbaíno

Luna en Cáncer tienen en la calle su segundo disco, ‘Flock, Colibri, Oil’: Por fuera, ruido y obsesiones. Par dentro, ternura y sentimiento.

Con lentitud pero sin vuelta de hoja, la escena rocanrolera vasca amante de la sicodelia, del garajismo, del punk abierto e inteligente, del sesentismo renovado, del raw power detroitiano y otras fuentes claves de lo underground va saliendo a flote. Se acumulan los nombres (Bichos, Clavos, La Perrera -RIP-, Hazurbaltzak, Big Crunch… o Cancer Moon).

Fueron precisamente estos lunáticos quienes mis loas recibieron en la prensa rocanrolera cuando hace un par de años dieron suelta a sus intuiciones musicales en su debut discografico, Hunted By The Snake. Comandaban el empeño tres responsables principales: Josetxo Anitua, Yon Zamarripa y Jesus Suinaga. A caballo entre Bilbao y Eibar y con experiencia en grupos anteriores. De parte botxera, Primitivos, Extraños o Raros. Por el lado armero, La Tercera En Discordia o Jugos de Otros.

El disco de la serpiente, al margen de su valía particular en lo creativo, tuvo algo más de impacto público que otros plásticos colegas porque en la consola de grabación estuvo como productor Jaime Gonzalo, boss de la publicación Ruta 66. Parece que los Moon salieron quejosos de aquella experiencia aunque sonaba salvajemente bien. Un puñado de buen ruido: guitarras en desboque y Anitua despuntando como convincente gritador. Debió ser un primer peldaño de acceso a un proyecto estable, respetado por los medios y querido por los incondicionales del género. A pesar de su obvia aureola de inaccesibilidad al mainstream, a grandes corrientes de escucha y éxito masivos. Cancer Moon practicaban un rock demasiado descarnado y salvaje como para que colara en cualquier medio de difusión o ambiente juvenil. Un sonido e intenciones determinadas y concretas. Lo que no esperaba seguramente el grupo es que a las dificultades lógicas de su propuesta musical se uniera un zancadilleo por parte de su discográfica, la barcelonesa Polar Records.

Ni les grababan nuevo disco ni les daban la carta de libertad. Se descolgó además del experimento el batera Jesus Suinaga, metido a técnico de grabación en el estudio IZ de Donostia e imposibilitado para seguir en contacto con Bilbao. El cáncer ha permanecido hibernado de cara al exterior aunque la carcoma seguía su ritmo de trabajo intemo y aquí está el resultado en forma de hermosote segundo LP. Lo grabaron en el estudio Le Chalet de Burdeos con el rocker Kid Pharaon de ayudante técnico y los propios Cancer como productores. Lo edita la independiente vasco-madrileña Munster Records, a través de la que se distribuye además en buena parte del globo terráqueo.

Nueva edición a carpeta doble (¡guerra al reduccionismo gráfico del formato compact-disc!) con un colorismo cegador cual colibrí en vuelo alocado, salido de la mano de Yon Zamarripa. Parece que el título es precisamente un simple juego de palabras y que no tiene conexión conceptual con los mensajes de la grabación. Nueve composiciones en total. Zamarripa se sigue encargando de parir los sonidos (mosic). Entre él y Anitua han escrito los textos, todos en ingles de nuevo. En la sección rítmica, Alvaro Irizar al bajo y Arturo García a la batería.

Solution abre la veda, quizás la canción más enganchona y «comercial» de los Moon hasta la fecha; un relato de desolación zoológica que equilibra ruido y melodía. En la chirriante Ink parece adivinarse una dedicatoria al Morrison de «love me two times»; Anitua se pasa al lado del susurro, de la insinuación, modalidad vocal que no abandonará en casi todo el disco. Hay menos «rockanrolerismo» que en el Hunted, más sutileza quizás. Aunque el brío guitarrero es absoluto y casi obsesivo a ratos. Como ese wah wah de Have You Seen It con buena superposición vocal de dúos; volverá el pedal wah en Stocks, de arranque clásico y reconvertida luego en obsesiva.

La tensión reina en Smokers o Folks, con aparente guiño esta vez al Dylan de «queen of gypsies». Indians cierra la fiesta, una grabación casera, experimento un punto caótico, texto más específicamente «social»: el problema indio. La desesperación en una acera, la ternura en la de enfrente. En medio de la calle, un experimento rockero caliente y sin concesiones. Cancer están anunciados en la Aste Nagusia bilbaína.

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